tuentucasa

Compartir es vivir

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Hace medio año, cuando me llegó la noticia de estaba en lista de espera para el alojamiento, en mi casa hubo una especie de histeria general debido a que “no hago las cosas cuando hay que hacerlas, me voy a quedar en la puta calle y soplapolleces varias”. Como comenté en el anterior post, buscar alojamiento en este lugar por internet es algo bastante frustrante y estúpido, a no ser que seas un maniático del control y quieras tener las cosas bien atadas y no te importe desembolsar el doble de pasta que el estudiante de a pie. Así es como seis meses antes, bajo la atenta supervisión de mi progenitora, analicé detenidamente la web de Eckelmans Immobilier, la única puñetera página web con información detallada de lo que estás contratando. Tras diversas y acaloradas discusiones sobre que, por ejemplo, mi real y distinguido culo no debería compartir váter con otros traseros más vulgares o que, bajo ningún concepto, iba a compartir apartamento con cinco chicos (a pesar de mis evidentes preferencias por los campos de nabos), me acabé quedando con un kot con dos chicas y un chico. 

Mi padre, que es un hombre muy sabio, me dijo en su momento que sería una buena experiencia para mí el convivir con otras personas, ya que no tengo hermanos. Buenas razones, aunque seguramente también estaba pensando en que si compartía apartamento se ahorraba 200€, que la pela es la pela. Ahora, estando aquí, disfrutando de la convivencia, creo necesario destacar varias cosas:

1. Escaleras

Una soleada mañana de septiembre, de esas que escasean en estos parajes, llegué a mi nuevo kot y nada más entrar vi esta espléndida escalera metálica de caracol que lleva a mi habitación. Mi mente, deslumbrada por su brillo plateado solo fue capaz de pensar “en estas escaleras me mataré yo”. Bromas aparte (aún no me he metido esa soberana hostia que está aún por llegar), es una mierda. Si necesito comer, tengo que bajar; si necesito ir al baño, tengo que bajar… además hace un ruido que despertaría a un muerto. Si un día tengo una de esas noches que vuelves cieguísimo a casa y tienes que ir veinte veces al váter, lo va a saber hasta mi abuela de Murcia.

2. Habitación

¿Sabéis lo que es que te sobre espacio? Yo no lo sabía. Hasta ahora. En serio, tengo las bragas colocadas en el armario como si fuera un expositor, sin amontonarlas ni nada. Motivo de paja.

3. Baño

Todos sabemos y lo hemos pasado alguna vez, eso de ir de viaje y, entre el estrés, la comida y todas esas cosas, no ir (vamos a ser finos) de vientre en varios días. Es normal y natural, el cuerpo humano reacciona así a los cambios bruscos.

Ahora, y aviso con antelación a las mentes delicadas para que puedan pasar del siguiente parágrafo con la inocencia intacta (aunque he usado un buen puñado de eufemismos), voy a explicar que pasó durante mi primera semana aquí.

Yo nunca he sido una chica Activia y el cambiar de aires me sienta fatal, así que, entre unas cosas y otras, estuve varios días sintiéndome “hinchada”. Llegué a Bélgica un miércoles y la tarde de ese sábado tuve una imperiosa necesidad pasar un tiempo a solas en el baño. El baño está justo delante de la habitación del único chico del kot que, yo que sé porque, está todo el puto día con la puerta abierta. No voy a entrar en detalles, aunque me encantaría ser muy explícita, así que cuando acabé me entró la vergüenza. ¿Y si ha oído algo? ¿Y si se huele? Según Dani Rovira, las chicas no cagamos y yo no quería desvelar el misterio. Gasté la mitad del bote del ambientador, tiré varias veces de la cadena y salí de ahí, tranquila, cerrando la puerta. Entonces me di cuenta: el próximo que entre se va a comer, literalmente, la mierda. Volví y abrí la puerta. Si no se había dado cuenta de lo que había hecho, ahora sí lo sabía.

4. Armarios

Hace unos años, cuando llegué a Holanda para el intercambio tuve algunos (muchos) problemas, muchos relacionados con el tamaño de las bicicletas. Aquí me pasa un poco lo mismo, pero con los armarios. Es por todos conocido que no soy precisamente una giganta, soy un poco bajita, pero no creo que lo sea tanto como para llegar al extremo de tener que comprarme una banqueta porque no alcanzo las cosas del PRIMER ESTANTE de los armarios de arriba de la cocina. Mierda ya.

5. Wi-fi

No hay wi-fi. Tengo que estar conectada a un cable para tener internet. Igual que en la edad de piedra. No sabéis como jode la vida tener que estar sentada en una silla para ver series (y lo que no son series).

6. Irène

Una compi. Cuando hizo la lista de tareas comunes y adjuntó la traducción en español, me enamoré de ella.

7. Valentine

Otra compi. Rubia, alta y se ríe como un asno retrasado. No bromeo, ojalá lo hiciera. No sabe apenas inglés y casi todas las noches se trae a alguien a casa. No me importa, pero, teniendo en cuenta que soy yo la que estoy pagando el alquiler millonario este y no sus amigas, me gustaría poder sentarme en una jodida silla cuando estoy cenando. Puta.

8. Virgile or the nice-ass guy

Este es el tío que vive conmigo. Es un tío majo, gracioso, no muy hablador. A veces se deja la mantequilla fuera de la nevera o se va a su casa el fin de semana y se deja la llave de su habitación en el cerrojo… un buen espécimen humano, más o menos igual de atontado que yo. Es buena gente, pero dentro de muchos años, cuando piense en él, me vendrá a la cabeza su culo. Sí, su culo. Su hermoso culo. Ya me puedo imaginar vuestra reacción: qué marrana, Ana. Y yo os digo: sí, lo soy, pero con razón.

Cuando vives con otra gente que no conoces y tu habitación está alejada de la ducha, no sé, lo normal es vestirse o ponerse una puta toalla. Que sí, que sí, que los tíos tienes menos remilgos con esas cosas… lo sé, pero no soy capaz de contar cuantas veces le he visto pasearse o salir de la ducha en calzoncillos. No me quejo, que conste, no me quejo para nada, es un culo digno de admirar y de enmarcar, pero una mañana que salí de la habitación y estaba cerrando la puerta, oí salir de la ducha a alguien, detrás de mí. Me giré, pensando que era una de las chicas y me encontré a unos calzoncillos fucsias. Bajé por las escaleras con él detrás de mí y me largué sin decir nada, muerta de la vergüenza.

Pero su culo… oh, su culo.

Eso es todo. A esto me dedico cuando debería estar leyendo un texto de 29 páginas de puro rollo para mañana.